![]() |
||||||||||
|
|
||||||||||
|
Testimonios El caso de don Patricio de Jesús Castro Palominos (49), artesano en cuero y su mujer, doña Rosa Elvira Zúñiga Devia (36), dueña de casa. Don
"Pato" y doña Rosita, residentes en el pueblo de Melipilla,
Area Metropolitana, Chile eran analfabetos y disléxicos, hasta
principios de Junio del año 2000. Ambos chilenos, de conducta y
razonamiento de personas normales. Durante años, que abarcó
toda su vida, hasta la fecha señalada, una sucesión de Maestros
en distintos Colegios, trataron en vano de enseñarles a leer y
se les dio como casos perdidos. Incluso por años, fueron beneficiados
con Programas de Alfabetización, con Maestros que iban hasta la
casa de ambos, sin resultados alguno, es decir sin poder aprender a leer
y escribir. El último de esos Maestros, fue un funcionario de la
Municipalidad de la Comuna arriba mencionada, que luego de seis infructuosos
meses, desistió de continuar y durante ese tiempo, ante su frustración
de no lograr resultados, su trato con la pareja de alumnos fue abiertamente
despectivo, pues no los llamaba por su nombre: se refería a ellos
como "los burros", en especial, con don Patricio. A
finales del mismo mes de Junio, dejaron atrás su analfabetismo,
después de ocho horas efectivas de clases, con dos horas de instrucción,
cada Martes y Jueves. Luego de 34 clases de Alicia González O.,
ya pueden leer en periódicos y escribir palabras y frases cortas. Don
"Pato" recuerda que, al principio repitió tres años,
dentro de seis años que pasó por distintos Colegios. Con
el tiempo asumió su analfabetismo con resignación. Nunca
olvida un cruel broma que le hicieron sus amigos, cuando lo mandaron con
un papel escrito a una ferretería de Melipilla, cuyo dueño
tenía muy mal genio. "Hoy se que lo escrito, decía:
deme un kilo de clavos de goma", agrega don "Pato". "Yo,
la verdad me había metido en la cabeza que nunca aprendería
a leer y la vida se me dificultaba mucho", acota don Pato, "ya
que no entendía ningún letrero en las calles o en los microbuses
del transporte y a veces cuando llegaba a Santiago, me iba de memoria
a hacer compras y no tomaba buses para no perderme, caminando muchas cuadras
a pie. Cuando
conocí a la Sra. Alicia (González), no creí al principio
que ella me pudiera enseñar y una vecina me tenía convencido
que si en toda la vida no había aprendido nada, menos me iba a
enseñar una persona de edad, pero al final ella me convenció
que yo era inteligente y nos regaló unos Silabarios para los dos
y mis dos hijos. Para mi sorpresa, al poco tiempo ya comencé a
leer mis primeras palabras, con cierta dificultad, pero entendía
todo lo del Silabario. A las dos semanas comencé a escribir las
primeras letras. Hoy
puedo leer casi todos los letreros y saco frases de los diarios y eso
nunca lo había hecho. Ya no tengo miedo de andar en microbus en
Santiago. Se que me falta practicar más, pero todo lo que leo,
lo entiendo y mi escritura está mucho mejor y todo eso, gracias
al sistema de la Sra. Alicia. A mi Sra. y a mi nos cambió la vida",
concluye don Patricio. Doña
Rosita, la Sra. de don "Pato", fue la más entusiasta
al principio y demostró gran interés en aprender y fue la
primera en comenzar a leer. Hoy, al igual que su pareja, lee y escribe
con soltura, con una letra bastante uniforme y proporcionada. Cuando
conocí a la Sra. Alicia., ella de inmediato me dijo que íbamos
a aprender. Y al poco tiempo comprobé que su sistema es fantástico,
porque comencé a leer y un poco después a escribir. Ella
tiene mucha paciencia, pero aprendimos rapidito con su sistema. El Silabario
y unas tarjetas con las letras y sus sonidos son muy fáciles de
aprender. Cuando ya se conocen los sonidos de las letras, uno junta los
sonidos y ya lee palabras. Imagínese
lo que me perdí de mi vida por no haberla conocido antes. Hoy me
emociono al leer algunas poesías del Silabario y también
leo en los diarios. Lo bonito es que entiendo casi todo lo que leo y la
Sra. Alicia dice que tengo linda letra. Se que necesito practicar más,
pero después de mucho tiempo, ¡toda una vida!, ya leo y escribo
y aprendí en muy poco tiempo". Testimonio de Elisa Montecinos, de la Comuna de Cerro Navia, Santiago, Chile, madre de Felipe Pardo Montecinos, quien llegó a los quince años, a la casa de habitación, de Alicia González O., sin que supiera leer y escribir, en Marzo de 1996. Su
madre cuenta que en 1987, su hijo tenía siete años, donde
prácticamente lo echaron, según la Maestra a cargo, por
problemas de "retardo" en el aprendizaje. Durante ocho años,
Felipe Pardo M., fue derivado a Escuelas Especiales, donde mayormente
le enseñaron artes manuales, sin que pudiera aprender a leer. En
el año 1996, su madre respondió a la oferta pública
de 30 becas del "Heinrich High School", en Comuna de Ñuñoa,
Santiago, Chile, para enseñar a leer, pero en vista de la demanda,
fue enviada por la Profesora Annette González G. a la casa de Alicia
González O., quien instruyó a Felipe una hora diaria en
la primera semana de clases individuales y luego, día por medio,
dentro de un ciclo total de instrucción de 45 días. A los
30 días, Felipe comenzó a leer sus primeras palabras. Su
madre relata que "llevé a mi hijo donde la Sra. Alicia, sin
muchas esperanzas, ya que habían pasado ocho años y no había
aprendido a leer nada. Ella me dio un Silabario suyo, que hoy guardo como
un tesoro y con ese, para mi sorpresa, mi hijo, comenzó a leer,
más o menos al mes de clases y después también comenzó
a escribir. Al principio, la Sra. Alicia me dijo que mi hijo no había
aprendido a leer, porque era disléxico, pero que con su sistema
aprendería. Testimonio de múltiples niños y sus Padres a la oferta pública de 30 becas del "Heinrich High School", 1996, en Comuna de Ñuñoa, Santiago, Chile, para enseñar a leer y escribir a niños con dificultades de aprendizaje, durante un ciclo de un mes.
Myrna Ortiz Córdoba, Artista. Conocí
a la Sra. Alicia González, en 1992, junto con su hija Annette,
en San Salvador, El Salvador, mi país, cuando mi hijo Eduardo y
nieto de ella, tenía cuatro años. Ella nos hacía
una visita para ese tiempo a la familia, para conocer, ambas, a su nieto
y sobrino, a mi misma y re-encontrarse con Nelson, su hijo y hermano respectivamente. Para
ese entonces, Nelson esperaba, según ya me había contado,
que se mantuviera la tradición de su familia, ya que todos los
hijos y nietos de la Sra. Alicia, habían aprendido a leer a los
cuatro años y en un plazo increíble de dos semanas, algo
que siempre puse en duda. Y convencido que su madre accedería a
enseñarle a leer a Eduardo, el primer día de estadía,
Nelson le pidió que lo hiciera, aprovechando la visita de dos semanas
que nos hacían. Pero, para su sorpresa, ella no accedió,
argumentando que venía a descansar. A cambio, sacó de su
equipaje un libro, que de inmediato vi que era un Silabario y dirigiéndose
a mi, me dijo: "Tome, enséñele usted". Acto seguido,
se fue a la mesa del comedor, mientras Nelson y yo nos mirábamos
sin saber qué decir, y sacando una hoja, se puso a escribir por
ambos lados, algo que dijo eran unas instrucciones, que luego me las pasó,
con una breve explicación, acerca de cómo enseñarle
a leer a Eduardo. A
todo esto, yo la escuchaba anonadada, pues no era ni soy Maestra y siempre
había pensado que enseñar a leer, era algo complicado, lento
en su proceso y relativo a profesionales especializados en el tema. Sin
embargo, la escuché con la mayor atención y luego, me olvidé
del tema, hasta que ambas visitantes, regresaron a Chile. Luego
de ese período, Nelson, convencido de mi incredulidad inicial y
de mi improbable incapacidad para enseñar a leer a nuestro hijo
de cuatro años, sabedor de los muchos casos que había visto
en el pasado, de ver enseñar a la Sra. Alicia a tantos niños,
me insistió con un argumento básico, diciéndome:
"¿Qué pierdes con probar?" Para
ese tiempo, Eduardo asistía al Pre-Kinder de un establecimiento
llamado "Children's", en San Salvador y aprovechando la amistad
que tenía con un compañero, llamado "Julito",
con autorización de su madre, me decidí a enseñarles
a ambos, siguiendo las instrucciones dejadas por la Sra. Alicia. Recuerdo
que el Padre de "Julito", lo paseaba por las casas vecinas de
su barrio, diciendo que era un genio, pero yo sabía que tanto mi
hijo como su amiguito, eran niños normales que habían aprendido
a corta edad y en muy corto tiempo, gracias al sistema de lectura de la
Sra. Alicia y no por otra cosa. A los dos meses, Nelson le compró
a Eduardo una revista "Condorito", muy popular en Chile y varios
otros países y la mejor prueba que él había aprendido
a leer bien, era escuchar sus risas y la explicación que nos daba
de los "chistes" que leía, evidencia de su grado de comprensión
de lectura. En
1998, ya instalados en Chile, enseñé a leer por iniciativa
propia, a mi hija Jennifer. Siguiendo la tradición familiar y a
tres meses de cumplir los cinco años, con Nelson la sacamos por
un mes de su Kinder, y luego de tres semanas, comenzó a leer, pudiendo
hacerlo en dos, pero por su carácter fuerte, para no forzarla,
preferí alargar el proceso en una semana extra. Lo anterior, permitió
que mi hija entrara leyendo al siguiente año, a Primer Año
Básico, cursando en el presente el Segundo Año, con seis
años cumplidos. Ahora
se que aprender a leer no tiene por qué ser tan lento y complicado
y me da pena ver tanto esfuerzo, de profesionales tan preparados, para
tan pocos resultados y no sólo en Chile. Por esta razón cuento todo esto, para compartir mi experiencia exitosa con el método de la Sra. Alicia, que me parece fantástico, pues yo probé, como ella dice, que un niño solo, puede aprender a leer a los cuatro años en cosa de días y lo más gratificante: que una persona de inteligencia normal y con suficiente paciencia para tratar con niños, como yo, que no soy Maestra, puede enseñar a leer y escribir sin mayores complicaciones y con buenos resultados, gracias al Sistema "Luz", que al menos para mi, resultó tan fácil de entender y aplicar, lo que permitiría avanzar más rápido y solucionar tantos problemas de lectura que existen en Chile y el resto de países de toda América. Testimonio de Nelson Olaf González, hijo de Alicia González O. Todos
mis hermanos, de cuatro que somos, aprendimos a leer cuando teníamos
cuatro años. Mis Padres decían que aprendimos en alrededor
de dos semanas. Estos resultados, en plazos tan poco creíbles por
especialistas de sistemas tradicionales en el tema y por el común
de la gente, los he confirmado, desde que tengo uso de razón, durante
toda mi vida, de observar a mi madre con cientos de niños y a mis
dos hermanas. De
la buena memoria heredada de mi madre, recuerdo con emoción la
primera palabra que leí en mi vida: mamá, la cual comprendí
casi de inmediato, para luego mirar la cara sonriente de mi madre, aprobando
lo leído. Leer para mi se convirtió en ese tiempo, en un
juego, pues leía los anuncios comerciales y letreros en la calle,
ayudado por el fomento a la lectura formal e informal proveniente de mis
Padres. A una estimable biblioteca en casa, nunca faltaban periódicos,
como "El Mercurio", "Las Ultimas Noticias", "La
Ultima Hora" y revistas como "Para Ti", "El Cabrito",
"El Peneca", "Okey", todas las cuales las "devorábamos"
e intercambiábamos entre todos. El
hecho de saber que, además, todos mis hijos y sobrinos aprendieron
con mi madre a los mismos cuatro años y en una plantilla de tiempo
asombrosamente corto e uniforme, prueba que lejos de ser nosotros sus
hijos y nietos, unos "genios", es el Sistema "Luz"
y la forma cómo se enseña a leer y escribir con él,
lo que posibilita un aprendizaje en tiempo récord. Sin embargo,
nuestra familia y su respectiva descendencia, con diferencias lógicas
de aptitudes y hábitos, en general, somos personas de inteligencia
normal, pero con la ventaja comparativa de haber comenzado antes a cultivar
la lectura y consolidar en el tiempo el placer de practicarla sistemáticamente.
Aparte de mi familia y mis seres queridos, lo más preciado, lo
constituye mi biblioteca personal, debido al buen hábito de leer
desde pequeño, antes de lo "establecido". Lo anterior,
me ha facilitado mucho, mi labor profesional como Consultor dentro y fuera
de Chile. En
lo personal, al escribir el libro con mi Madre, que describe en detalle
la metodología de enseñanza de "Luz", me di el
trabajo de investigar por qué este sistema es tan eficaz y eficiente,
para niños, que en su momento, como yo, sin problemas de aprendizaje,
mal llamados "normales", aprendimos sin esforzarnos y en tiempo
récord. La razón es simple: se debe a la forma de comenzar
a enseñar a leer, primero las letras del alfabeto, a través
de "magia" de los sonidos naturales y universales, objetivados
por figuras asociadas a cada letra del alfabeto, de modo que conociendo
esos sonidos ancestrales, asociados a cada signo, éstos que son
inventos humanos, abstractos por naturaleza, se hacen concretos en la
mente del niño o adulto. Por otra parte esos sonidos y letras asociadas,
se presentan todas en un par de clases, ya que por experiencia de su autora,
los niños los captan muy rápido. Luego de conocerse esos
sonidos, se comienzan a juntar o unir, para formar las primeras palabras
y frases y de esta forma, esos niños o adultos así enseñados,
comienzan a leer. Así de simple y de efectivo... También
me di el trabajo adicional de explicarme el por qué, el Sistema
"Luz", además de ser tan eficiente para el segmento de
alumnos sin problemas de aprendizaje alguno, lo era también con
aquéllos que si presentan algún tipo de retardo no clínico,
o cierta disfunción asociada a la dislexia, ya que su autora, afirma
que la dislexia, en niños o adultos diagnosticados con ese trastorno,
deja de manifestarse durante el corto proceso lector que conlleva "Luz".
Y la respuesta encontrada sigue siendo la misma: se debe al factor de
las "letras vivenciadas" por sonidos naturales objetivados por
figuras alusivas, de modo que al disléxico, primero se le presentan
letras aisladas, para que las observe y escuche su sonido repetido en
su mente en corta frecuencia, hasta que los identifique y los asocie,
casi en el mismo tiempo de aprendizaje que le toma a un niño sin
esos problemas descritos. Por último, me llena de satisfacción, el ver a Myrna, mi mujer y madre de mis hijos menores, cómo ella ha sido capaz de enseñar sin ninguna complicación, ni drama alguno, a dos de nuestros hijos, niños de inteligencia normal, que tempranamente han adquirido el hábito y gusto por la lectura, lo que posibilita que muchos padres a futuro, ayuden efectivamente a sus hijos a comenzar a leer más tempranamente y con una mayor comprensión general y que, además, una legión de alfabetizadores en muchos países de habla hispana, pueda lograr más y mejores resultados en menor tiempo, frente a la gran tarea de enseñar a una proporción de analfabetos, marcada en la región latinoamericana por dos dígitos. Comentarios de la Prensa Escrita
|
|
El Libro del
Sistema Luz |
||||||||